Interesante celebración la que tuvo lugar ayer con motivo de
los 30 años de la elección de Felipe González como presidente del Gobierno. Fue
interesante por dos aspectos: la pérdida de identidad en la que se encuentra
sumergido el partido socialista y la presencia del primer gran líder del
partido.
Después de las elecciones catalanas ha quedado claro que el
Partido Socialista Obrero Español se enfrenta ante la mayor crisis interna que
se recuerda desde su aparición. Con dos bandos formados por los discípulos de
Alfredo Pérez Rubalcaba y los de Carme Chacón, el PSOE no encuentra la manera
ni los ideales que representen un solo bloque de pensamiento. Esta ruptura de
pareceres liga de forma notable con la separación o desbandada que denota la
izquierda española en el panorama político.
Además los últimos años de mandato de José Luis Rodríguez
Zapatero y la estrepitosa campaña electoral del actual secretario general han
traído al partido un sentimiento de pesimismo que finalmente se ha convertido
en división interna. Una división que es la principal pérdida de simpatizantes,
que ven que desde el seno del partido se llega a destiempo y no se acierta en
las soluciones. Ante ello los posibles votantes se encuentran ante la
disyuntiva de optar por una ideología que encierra ideas contrapuestas o buscar
la opción que más represente sus convicciones en los múltiples partidos de
izquierda.
En el acto de ayer Felipe González dejo los errores bien
claros. La pérdida del rumbo ha convertido al partido en una nave bipolar y que
cada vez se aleja más de las políticas de centro-izquierda. Esto lo dijo el
primer gran dirigente socialista, que aunque a la sombra, tiene aún un gran
poder de convocatoria en el gremio. Pera este acto quedará en simple palabras,
ya que, los caminos están tomados.
El partido perdió las riendas del mismo en su segundo mandato
(2008 – 2011), que careció de transparencia y soluciones. A ello se unió una
campaña electoral más bien esperpéntica, en la que se prometían cosas que se
habían podido solucionar mucho antes. Finalmente se cayó en una división total
del partido, en la que destaca el enfrentamiento reciente en el que PSOE y PSC
no se han puesto de acuerdo en el tema de la independencia de Cataluña. Con
todo esta larga lista de desperfectos que sufre la nave del partido, parece que
tiene un gris futuro y que el punto de encuentro entre las distintas corrientes
de pensamiento queda bastante lejano. Corrientes que cada vez buscan más
afluentes nuevos y que están más cerca de formar un nuevo río de izquierdas que
de encontrar el cauce correcto.

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