CIU pierde apoyos
mientras que ERC da la sorpresa.
Tras una larga noche de recuentos, el capricho de Artur Mas
–las elecciones catalanas- ha obtenido resultados. Unas elecciones convocadas a
deshora, una campaña electoral manchada por el independentismo, y sobre todo,
una Cataluña que parece no tener nada claro. Lejos de los datos, esta claro que
la división España – Cataluña no es del agrado de una importante parte de los
catalanes. Esto ha quedado plasmado en el resultado electoral, donde la pérdida
de CIU y PSC ha acompañado la subida ERC.
El gran problema que han tenido estas elecciones ha sido la
precipitación que se asumió al convocarlas. La idea electoral y la
independentista se han quedado sin mecha al mitad de la exhibición. Esta idea
se planteó justo en el momento de mayor división del Estado español, el cual,
alojaba mil interrogantes. Estos vacíos los aprovechó Mas para chantajear y
clamar la independencia. De esta manera se ha llegado a unas elecciones que han
hecho bueno el dicho: “el que mucho corre pronto para”.
Convergencia ha visto
como su caravana independentisita se paraba a escasos metros de la línea de
meta. Pretendían una mayoría absoluta por la vía rápida, creyendo que eran la
voz y el alma catalana, para propagar así sus ideales. Unos ideales que parecen
haber caído con las listas y las cuentas relacionadas con Artur Mas y sus
discípulos.
El verdadero resultado que han dejado las elecciones
catalanas nos lleva –de manera insólita- a una jornada de reflexión el día después.
La precipitación ha marcado unas elecciones que han cogido desprevenida a la población,
una población que parece no tener claro el camino marcado por Mas –aunque este
se crea el Mesías de la sociedad catalana-, que aún no representa la mayoría
absoluta del pensamiento catalán.
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