Un hombre que evoluciona ante una sociedad más bien estancada
Tinc el privilegi de viure al Puig de Santamaria, poble
famós en la història del Regne de Valencia i quartell general del Rei Jaume I
per a conquerir Valencia. Hui m'he alçat i com a diari he mirat la
privilegiada vista que hem regala la meua habitació. Des d'esta puc vore la
muntanya de La Patà, i en el pal més alt he vist ondejar amb vents medievals la
cuatribarrà.
Si sóc sincer m’ha cridat l'atenció. De sobte he escoltat un discurs llunyà i molt quotidià en les últimes setmanes: el discurs
independentista.
Hoy se celebraba en mi población un jornada llamada
“Amics del País Valencià”. Y yo como persona curiosa de profesión no he podido
evitar pasearme por sus actos y revindicaciones. Un discurso con lenguaje
mezcladillo –el famoso dialecto “xurro”-
y aires de grandeza, bailes tradicionales, un concierto alternativo, y como no,
todo adornado con una gran PAELLA VALENCIANA.
Mientras los presentes aclamaban la independencia, mi
mente no ha evitado perderse en la belleza del paisaje valenciano. Valencia al
fondo, los naranjos salpicando las sombras de los edificios, y todo esto bañado
por el mar Mediterráneo. Normal que el Rey Don Jaume eligiera tan bello lugar
para su asalto al “cap i casal”. Y es que, con el paso del tiempo los gustos no
cambian y la belleza de cualquier paraje tiene la capacidad de enamorar a
cualquiera.
Pocas cosas en verdad son las que han cambiado, me
atrevería a decir que el hombre ha evolucionado pero la sociedad sigue en el
medievo. El Rey Jaume formaba parte de ese estamento social llamado nobleza, el
mismo que ocupan en estos momentos políticos y demás “agarrofados”. La
educación y la sanidad era sólo para aquellos que podían pagar el “montante”, y
la verdad es que vamos camino de ello. El territorio se gobernaba gracias a la
perspicacia del señor feudal – muy parecido al sonar a la Alemania
Federal- y ahora tenemos muy bueno
amigos en Europa que nos dan muchos consejos. Y lo más curioso, los reyes
conquistaban nuevas tierras y territorios, y en estas semanas solo se habla de
“países”, “ejércitos europeos” y “soberanías”.
A día de hoy me acuerdo de mis antepasados y su piel
tostada al sol de la marjal y veo en
sus ojos el amor hacia la huerta valenciana, el mismo amor que los políticos
tienen hacia esta estructuración de la sociedad. Fan més soroll dos que criden, que cent que callen.
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