Todo el año siendo el mejor para no llegar. Todo sufrimiento y
sacrificio para nada. Duros e intensos días de trabajo para luego no alcanzar
la meta. ¡Y vaya meta!. La final de la Champions League. El alemán, Mario
Götze, se la pierde por una lesión muscular. El muslo izquierdo del exGolden
Boy se desgarró durante el encuentro que les enfrentaba al R. Madrid en las
semifinales de la máxima competición. Sin duda una gran desilusión para el
joven futbolista, que ve como todo se va al traste en el momento cumbre. Sí, el
momento cumbre, ese momento en el que crees que lo tienes todo controlado, y en el
momento que te distraes, ¡zas!, lo has perdido todo.
Esto suele pasar, cuando menos te lo esperas, pero suele
pasar. Trabajas con ilusión, esmero y sacrificio para conseguir llevar tu embarcación
a buen puerto, y cuando la orilla está a la vista algo pasa. Algo imprevisible,
inesperado pero algo ocurre que cambia tus planes. Precisamente esto es lo que
le ha pasado al jugador del Borussia de Dortmund. Bueno del Borussia o del Bayern,
no sé donde clasificarlo para ser políticamente correcto. Pero la casualidad ha
querido que la final que el “10” se va a perder sea contra su futuro equipo. Si,
el Bayern. ¿Casualidad o capricho?. Dejémoslo a su libre interpretación.
Lo verdaderamente importante es que en uno de los momentos más
importantes de su carrera futbolística, Götze ha tropezado en un extraño obstáculo.
Un obstáculo inesperado, aunque inmerecido, inesperado. Y es que nuestras vidas
se llenan de obstáculos que irrumpen en nuestro camino de forma casual,
fortuita o espontánea. El secreto está en saber cómo sortearlos o esquivarlos,
o quién sabe, a lo mejor un obstáculo se convierte en una emocionante batalla.
Sí, una espectacular batalla. La batalla de nuestra vida.

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